Narrado por Noah
Treinta días. Setecientas veinte horas de impotencia pura. Me miré las manos frente al espejo empañado de una casa de seguridad en los suburbios de la capital; estaban temblorosas, no de miedo, sino de una rabia contenida que amenazaba con hacerme estallar las venas. Habíamos intentado tres entradas tácticas en la mansión Gallardo durante este mes, y las tres veces tuvimos que abortar. Dylan había convertido su hogar en una fortaleza inexpugnable, protegida no solo por mercenar