Narrado por Emma
El olor de la cabaña había cambiado. Ya no era solo madera y el perfume boscoso de Noah; ahora olía a antiséptico y a esa fragancia neutra y profesional que siempre emanaba de la Dra. Elena Vargas. Elena estaba sentada frente a mí, con una libreta que no usaba y una mirada que me atravesaba como un bisturí. Noah se había quedado fuera, en el porche, cumpliendo la orden de Elena de darnos privacidad, aunque sentía su presencia protectora pegada a la puerta de madera.
—No tienes