Narrado por Noah
La lluvia había cesado, dejando tras de sí un frío húmedo que parecía filtrarse por las grietas de la cabaña. Emma estaba acostada en la cama, de espaldas a la puerta, hecha un ovillo bajo las mantas. No se movía, no lloraba, ni siquiera parecía respirar. Esa quietud me aterraba más que cualquier campo de batalla. Era la parálisis de la voluntad, el síntoma más cruel de que su mente se estaba rindiendo.
Salí al porche, cerrando la puerta con cuidado para no despertarla de ese l