Gennaro
La ciudad se doblaba cuando yo caminaba.
No era una simple metáfora. Palermo tenía esa forma de rendirse a quien sabía apretar el cuello correcto, y en esas semanas yo había aprendido a hacerlo con una soltura que me sorprendía incluso a mí.
Se hablaba de Nicola Moretti como si fuera un dios, como si el miedo llevara su apellido tatuado en la lengua de todos, pero hasta los dioses sangraban cuando encontrabas el punto exacto para hundir el cuchillo.
Y yo lo había encontrado.
Valentina