Nicola
Tomé la pequeña pistola de aire que el encargado me ofreció, revisándola como si fuera un arma real.
Era un hábito como lavar los dientes después de cada comida, algo tan natural.
—¡Papi, tienes que ganar el oso más grande! —exclamó mi princessa, tirando de mi manga con emoción. Sus ojitos brillaban mientras señalaba al enorme muñeco.
—¿Dudas de tu padre? —le respondí, arqueando una ceja mientras ajustaba mi postura frente a los blancos.
Vittoria se rió, cubriéndose la boca con las ma