El impacto contra el agua a esa alta velocidad fue un trauma físico, una bofetada helada que le robó el aliento.
Luciana sintió que su cuerpo se convertía en un proyectil lanzado contra una pared líquida, la fuerza la arrastró varios metros bajo la superficie, donde la luz del sol se extinguía rápidamente y solo quedaba el azul denso y caótico del mar.
Su cerebro, luchaba por la supervivencia, le gritaba órdenes ¡guarda el aire, oriéntate, sube! pero el pánico, como una bestia primitiva la abra