La Éter rugía, cortando el agua a más de 40 nudos, ese yate se había convertido en un misil dirigido para ser sacrificado, pero era un sacrificio necesario.
En el radar, el eco del equipo del Némesis se acercaba peligrosamente, habiendo reducido la distancia considerablemente y era evidente que, en minutos, estarían a distancia de tiro.
— Dario, promételo, ¡Maldita sea, promételo de una maldita vez! — La voz de Luciana retumbó en los oídos de Dario esperando desesperadamente de su respuesta.
—