Marco sonrió cuando Elena le dio luz verde para tomarse un café con él y atacó directo a la yugular sabiendo que ella entendería el código que Dario le había dado.
— ¿Recuerdas ese lugar que tu padre amaba? Donde solía ir a leer ese viejo libro de poemas, ¿En dónde están las columnas torcidas?
Elena se quedó en silencio por un momento y el corazón le comenzó a latir con furia, ladeó la cabeza y se quedó pensando por un momento realmente sorprendida, hasta que asintió con lentitud y una sonrisa s