Dario ladeó la cabeza con incredulidad después de haber escuchado la negativa de la chica y, acostumbrado como estaba a no recibir respuestas negativas a sus disposiciones y a que nadie le llevara la contraria, se la quedó mirando como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
— Perdón, ¿Qué dijiste? — Casi escupió.
— ¡No voy a dormir cerca de esa cosa! — Ella repitió con rabia, no estaba loca como para poner su vida o la de alguien más en riesgo por un caprichito del machito este.
— Mi fiore —