Un pequeño análisis de ambos...
Esa noche, Matteo no encendió el portátil, lo dejó sobre el escritorio, cerrado, como si fuera un objeto que respiraba en silencio. Valentina pasó por su habitación antes de dormir y lo vio allí, impecable, con la luz del pasillo reflejándose en la carcasa oscura como un espejo roto.
— ¿No lo vas a usar?... ¿Paso algo?... —preguntó desde la puerta, con la voz suave que reservaba para los momentos en que en verdad se necesitaban, y más con su hijo.
Matteo negó con la cabeza, sin mirarla directamente.
— No, el computador portátil esta bien…Mañana la usaré.
Ella asintió, sonrió, y lentamente se retiró, cerrando la puerta con cuidado, como quien cierra una caja que contiene algo que no quiere ver salir.
Pero no vio lo que Matteo hizo cuando las luces se apagaron del todo.
El niño se sentó en la cama, apoyó la espalda contra la pared fría y sacó de debajo de la almohada su teléfono.
La pantalla se encendió con un brillo tenue que le pintó el rostro de azul pálido. Abrió una aplicación que