Después de aquel abrazo, Valentina lentamente dio un paso atrás para ver a Matteo.
— No voy a permitir que te conviertas en un soldado… —dijo con firmeza.
— No lo soy. —respondió Matteo, alzando por fin la mirada. — Los soldados obedecen sin preguntar. Yo solo observo. Quiero entender antes de decidir.
— Aun así… si vas a mirar este mundo de frente —dijo. — no lo harás a ciegas.
Valentina camino hasta tomar el computador portátil entre sus manos y regreso a donde se encontraba Matteo.
— Al menos, Dante cumple... Creería y quiero creer que esto es suficiente... Es un computador portatil Seguro. Sin rastreo. Sin accesos externos. Encriptación de extremo a extremo. Es parecido al que tengo para trabajar pero... Este es más seguro... ¿Qué te parece?.
— ¿Un computador portátil para mi?
— Sí. Uno que yo sepa que es seguro. Uno que no venga cargado de puertas abiertas ni de promesas envenenadas. Uno que no pueda ser usado en mi contra… ni en la tuya... Y le puedes configurar una contraseña p