Dante sintió un nudo en el estómago que no había sentido en años. Se guardó el teléfono y salió de la sala de monitoreo con paso decidido. Necesitaba hablar con Valentina. Necesitaba pensar. Pero sobre todo, necesitaba asegurarse de que Matteo estuviera exactamente donde debía estar.
Mientras tanto...
En otra parte de la villa...
Matteo estaba aburrido... Terriblemente aburrido.
Había intentado leer. El libro de historia antigua que Dante le había regalado yacía abierto sobre la cama, pero las