Luca no podía apartar la vista de la pantalla.
La imagen estaba borrosa, granulada, mal iluminada por una luz amarillenta que apenas conseguía definir los contornos y aun así… la reconocería entre miles de personas, entre decenas de miles.
Porque había sido parte de su vida durante años, porque había sido parte de la vida de Dante durante años, porque después de la muerte de la madre de Dante, ella había sido quien recogió los pedazos rotos de un niño que el mundo parecía empeñado en destruir.