Dante condujo en silencio la mayor parte del trayecto. Luca iba a su lado, revisando por enésima vez la tablet con las imágenes satelitales y los pocos reportes que había podido conseguir. El cielo ya estaba oscuro cuando tomaron el camino privado que subía hacia la colina. Las luces de la villa se veían a lo lejos, demasiado brillantes, como una boca abierta llena de dientes.
— No entres confiado —murmuró Luca por última vez. — Hay al menos tres vehículos sin placas en el garaje lateral. Y dos