El barranco se tragó su figura. Luca todavía recordaba aquel instante con una claridad cruel: el vacío repentino, su propio grito desgarrador que se perdió entre los disparos lejanos, la caída interminable y, finalmente, el silencio.
Jamás encontraron el cuerpo. Los hombres de Vincenzo buscaron durante días, pero el barranco era profundo, traicionero, con corrientes subterráneas y rocas afiladas. Nadie sobrevivía a algo así. Nadie. Luca mismo había bajado con cuerdas en un intento desesperado,