Mientras la tensión se apoderaba de la villa Santino como una niebla espesa que lo cubría todo, muy lejos de allí, en la mansión de Dante, Valentina tenía el corazón en la garganta. El aire parecía haberse vuelto imposible de respirar. Todo había ocurrido demasiado rápido, como un torbellino que los arrastraba sin piedad.
La llamada de Luca había llegado como un rayo en la noche. Su voz, normalmente calmada y controlada, sonaba urgente, y apresurada.
La advertencia fue clara: peligro inminen