Una ligera... ¿Amenaza?...
Valentina sintió cómo su estómago se apretaba.
— ¿Qué es eso?
— Lo dejaron esta madrugada —respondió Dante, con voz baja. — Uno de los guardias lo encontró cerca de la entrada principal, justo al lado de la verja. No había huellas, no había cámaras que captaran al mensajero. Quien sea que lo dejó sabía exactamente dónde estaban los puntos ciegos.
Valentina se acercó al sobre como si fuera un animal peligroso. Lo observó durante varios segundos antes de preguntar:
— ¿Lo abriste?
— Sí.
— ¿Y?
Dant