Justo en ese momento, me llamó Laura.
—Mariana, ¡tengo que contarte algo! ¡No vas a creerlo!
—¿Qué pasó?
—¡Lo de tu mamá! Tal como sospechábamos, no fue tal como dijeron. ¡El detective ya dio con el dueño de la cuenta!
Al escuchar a Laura, un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Sentí una presión en el pecho tan fuerte que apenas podía respirar, como si estuviera a punto de ahogarme.
El accidente que mató a mi madre... fue obra de Bárbara Lombardi. ¡La había asesinado!
Y Fernando, el hombre