En cuanto terminé de hablar, un murmullo recorrió a todos los presentes, mientras Fernando, pálido por la sorpresa, me jalaba del escenario con brusquedad.
—Mariana, ¿qué demonios estás haciendo?
Apenas iba a responder cuando Bárbara se acercó para sacarlo del apuro.
—Fer, no te molestes. Ya sabes cómo es Mari, a veces actúa sin pensar. Déjame hablar con ella a solas, no tomes tan en serio lo que dijo.
Acto seguido, me dedicó una sonrisa forzada y me llevó hacia un rincón apartado. Lejos de