La sala del Consejo estaba envuelta en un silencio espeso, apenas roto por el chisporroteo de las antorchas en las paredes y el repiqueteo de la lluvia contra los ventanales. El ambiente tenía algo denso, casi eléctrico, como si las palabras que aún no habían sido pronunciadas ya estuvieran suspendidas en el aire, esperando el momento de caer con peso sobre todos los presentes.
Amara observaba la mesa circular en el centro de la estancia. Las runas talladas en su superficie ardí