Tres meses más. Noventa días donde el tiempo parecía escurrirse entre las manos como agua turbia. Pero a veces… solo a veces, traía esperanza.
Evelyn despertaba con más frecuencia, y su voz, aunque aún débil, comenzaba a emerger como un susurro que reclamaba su lugar en el mundo. Podía articular palabras simples, responder preguntas cortas. Sus ojos seguían siendo los mismos: profundos, inquisitivos… cargados de vida. Benjamín no se movía de su lado. Dormía en una silla junto a su cama, la toma