El aire en la sala estaba denso, cargado de tensión y certezas veladas. Elijah cerró el último expediente con un golpe suave, pero firme. Miró a Adrián, quien no se inmutó, solo alzó una ceja, como si ya supiera que esa petición vendría. Había algo en su mirada, ese brillo agudo de quien está siempre dos pasos por delante. Aun así, Elijah fue directo.
—Adrián... sé que has estado bastante ocupado con todo esto —dijo, refiriéndose al cúmulo de evidencia que acababan de compilar—. Pero necesitamo