Maximiliano llegó al apartamento de Mia a las 7:30 p.m. Ni un minuto más, ni uno menos. El reloj marcaba temprano para una cena... pero tarde para contener lo que venía sintiendo. Llevaba días, semanas, meses enteros postergando lo inevitable. Y esa noche, simplemente no podía esperar más.
Tocó la puerta con decisión. Un toque seco. Corto. Firme. Y cuando Mia abrió, la visión de ella fue como un golpe directo al pecho.
Estaba descalza, con el cabello recogido de forma descuidada y una blusa hol