El mensaje llegó como un disparo directo al pecho: “Olivia, tengo algo. Grande. Tenemos que vernos. Urgente.” La pantalla brillaba tenue en sus manos, pero su corazón latía con una urgencia distinta, marcada por el ceño que se fruncía lentamente mientras leía.
Adrián no era de los que usaban palabras simples ni urgentes. Siempre educado, comedido, distante. Ese mensaje rompía todas las reglas no escritas entre ellos. La gravedad que se escondía tras esas pocas palabras era palpable, casi punzan