El aire de la mañana siguiente en el taller se sentía pesado, como si la tormenta del apartamento se hubiera trasladado a mis oficinas de confección.
Intentaba concentrarme en los bocetos creativos de la línea de el extranjero, pero la discusión de la noche anterior seguía dándome vueltas en la cabeza. Me había vestido con un conjunto sencillo de pantalón oscuro y una blusa de punto gris, buscando en la sobriedad de mi indumentaria la calma que me faltaba en el pecho.
La distancia incómoda que