El amanecer se abrió paso entre las estructuras de cristal negro del distrito financiero, obligándome a abandonar la colchonería.
Dejé atrás la recámara principal del sector sur en medio de un espeso silencio sepulcral, cuidando de no alterar la postura rígida de Ezra, quien continuaba recostado con una tranquilidad calculadora. Compartir las sábanas de su cama matrimonial debido a la inundación destructiva de mi suite norte seguía provocándome un sutil y constante ahogo en la garganta.
Me prep