El silencio de la recámara principal del sector sur se volvió espeso, denso y sumamente aplantante tras la declaración letal de Ezra Vardan.
Permanecí completamente inmóvil, con la espalda recta contra la madera dura del clóset de caoba compartida, sintiendo el pulso martilleándome las costillas con una violencia incontrolable. Las manos firmes del magnate seguían apoyadas a ambos lados de mis hombros, atrapando mi silueta en medio de sus brazos anchos y robustos, anulando cualquier posibilidad