El ascensor digital me dejó en el piso más alto de la Torre Vardan justo cuando los destellos geométricos de la noche comenzaban a encender el rincón financiero.
Crucé la sala del penthouse con pasos rápidos y firmes sobre el pulido suelo de mármol blanco, arrastrando una descarga de adrenalina pura en mi cuerpo. Llevaba la carpeta de cuero negro de Yorman Soto en mi bolso de mano, consciente de que mi Contraataque Social internacional ya no tenía ninguna viabilidad de retroceso.
Me dirigí de