El sonido ensordecedor de un torrente de agua golpeando la ceramica del baño, me despertó de golpe a las seis de la mañana del lunes.
Di un brinco en medio de las sábanas de seda de mi cama king size, con el corazón martilleándome las costillas de pura alarma y la adrenalina disparada a mil por hora. Todavía arrastraba el cansancio de la gala y el eco de nuestra discusión de la noche anterior, pero el instinto de supervivencia barrió cualquier rastro de sueño en mi cuerpo.
Al bajar los pies de