NARRADO POR: EZRA VARDAN
El zumbido electrónico de los servidores centrales de la planta catorce era el único sonido que competía con el murmullo de la tormenta exterior.
Me pasé las primeras horas de la madrugada de pie frente al ventanal panorámico de mi despacho presidencial, manteniendo la mandíbula apretada y mis dedos largos entrelazados a la espalda con una rigidez de piedra absoluta.
Mi sastre gris carbón de tres piezas se sentía incómodo, asfixiante y sumamente pesado para mis pulmones