El zumbido persistente de los murmullos en la calle se filtraba por las ventanas de mi despacho técnico, operando como la antesala de un nuevo asedio perimetral.
Apenas unos minutos después de que el cordón de seguridad de Ezra Vardan desalojara a Cristhian Olmos y a sus directores legales fraudulentos, en la acera inferior de mi taller independiente de costura se transformó en un hormiguero de flashes digitales incesantes.
Las revistas de sociedad, los chismes del centro y los analistas de ima