El zumbido constante de las máquinas de coser en la planta de mi taller independiente, no lograba silenciar el caos que dominaba mi mente.
Intentaba enfocar mis ojos oscuros en las muestras de encaje negro sobre la mesa de corte, pero las palabras venenosas de Cristhian seguían grabadas a fuego en mi memoria, repitiéndome que solo era un adorno temporal en la jaula de oro perfecta de la Corporación Vardan. Para continuar con la rutina diaria de la oficina, me había cambiado el sastre azul por u