El amanecer en el penthouse no trajo el menor rastro de calma tras la acalorada discusión del día anterior.
Aproveché que Ezra se había marchado muy temprano a sus reuniones de alta prioridad en el rascacielos negro, para cambiar mi vestuario por algo que me diera verdadera autoridad. Seleccioné un sastre cruzado en color azul marino de corte impecable, combinándolo con unos tacones altos que repicaban con fuerza sobre el suelo de mármol.
Ajusté los botones de la chaqueta con los dedos firmes,