Mundo ficciónIniciar sesiónLa puerta de la limusina se cerró con un sonido suave, casi un suspiro amortiguado. Afuera, la noche neoyorquina seguía vibrando, una sinfonía de luces, murmullos y reflejos que se deslizaban sobre el cristal tintado. Dentro, el silencio era distinto: espeso, tibio, hecho de respiraciones contenidas y miradas que no sabían a dónde dirigirse.
Sophie se acomodó en el asiento de cuero negro, con el vestido aún ceñido a la piel y la r







