Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio que siguió fue denso, casi sagrado. La habitación respiraba con ellos, con el eco de sus jadeos que aún parecían flotar en el aire tibio. Sophie permanecía entre los brazos de Damien, con la cabeza apoyada en su pecho desnudo, escuchando el sonido de su corazón —fuerte, irregular, demasiado humano para el hombre que todos creían de acero.
Las luces de la ciudad se filtraban entre las cortinas, dibujando reflejos platead







