Juliana realmente no se podía quejar.
Pasarla bien… pues la verdad mucho. Agotada, pues bastante. Solo quería llegar a casa y caer en la cama después de una ducha, que posiblemente el mismo hombre que la había agotado tendría que ayudarla. Y este mismo la arrastraba llevándola hacia afuera del establecimiento apartando las personas que se cruzaban en el camino.
Después de hacer aquello junto al bar, bailar hasta que le dolieran los pies, y comerse en una esquina nuevamente, aunque sin llegar al