El cielo se extendía amplio y despejado como un lienzo azul salpicado de nubes blancas, suaves como algodón flotante. El rumor de las olas llegaba desde lejos, constante, como una canción vieja que tranquilizaba el alma. La brisa traía consigo ese olor inconfundible a sal y arena caliente, a promesas de libertad.
Era así como despidieron pasar otro fin de semana, juntos y recibiendo el sol entre sus cuerpos.
La playa se abría frente a ellos como un mundo nuevo. Emma, con un sombrero de ala anch