Capitulo 42

El beso que había comenzado como un roce apenas tembloroso se volvió hambre contenida. Los labios de Maximiliano se movían sobre los de Ana Lucía con urgencia, como si quisiera fundirse en ella, como si solo así pudiera calmar el caos que lo habitaba.

Ana intentó apartarse, un leve impulso de lucidez aún agitándose en su interior.

—Max… no —murmuró con la frente pegada a la suya, su respiración temblando entre ellos—. No deberíamos...

—No me alejes… por favor —suplicó él, con la voz rasgada, la
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