Los días se acumularon como hojas mojadas. Maximiliano continuaba recibiendo informes que no lograban convencer al juez, y su frustración crecía. A menudo se encerraba en su despacho, revisando documentos hasta la madrugada. Y eso ponía a Ana Lucía en una situación complicada, no solo debía estar al pendiente de Emma y también de Maximiliano.
Ana Lucía entró en silencio y lo encontró con la cabeza entre las manos. Los papeles estaban desparramados sobre el escritorio, manchados de café frío.
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