—Te dije que me esperaras, tengo mejores gustos —Bromeo la chica.
—Estaba muy ansiosa —dijo con una sonrisa.
La risa de Camila aún flotaba en el aire cuando Ana abrió el audio. No esperaba nada más que un susurro tierno de Emma, quizás una pregunta inocente sobre su tarea o un “te extraño”. Pero en cambio, la voz quebrada de la niña se filtró entre los altavoces como un cuchillo que desgarraba el pecho.
Cada palabra cayó con el peso de una piedra:
"No quiero que tengas a ese niño. No quiero que