El auto se desplazaba con suavidad por la avenida bordeada de árboles altos cuyas ramas parecían entrelazarse por encima del camino, formando un túnel natural que filtraba la luz de la tarde. En el asiento trasero, Emma descansaba recostada sobre el pecho de Ana Lucía, con los párpados pesados y la piel aún un poco pálida, pero con la fiebre ya controlada. Los brazos de Ana Lucía la envolvían con delicadeza, acariciándole el cabello húmedo y suave, sintiendo el leve temblor de su respiración ir