El sol filtraba su luz a través de las cortinas, proyectando sombras alargadas sobre las paredes del dormitorio. La mañana avanzaba lentamente, impregnada del aroma a café recién hecho y el sonido lejano del tráfico en la calle. Sin embargo, para Nelly, el amanecer no traía promesas de un nuevo día, sino una resaca feroz que le taladraba el cráneo con cada latido de su corazón.
Gruñó, enterrando la cara en la almohada, tratando de escapar de la punzada de dolor que le recorría la cabeza. Su boc