El verano comenzaba a rendirse ante los primeros atisbos del otoño. Las hojas de los árboles se tornaban lentamente en tonos ocres, dorados y rojizos, cubriendo los senderos del jardín como si la naturaleza tejiera una alfombra para dar paso a una nueva estación. Una brisa suave y fresca se deslizaba entre las cortinas entreabiertas de la habitación, llevando consigo el aroma de tierra húmeda, ese perfume inconfundible que siempre llega justo antes de un gran cambio.
La casa entera parecía resp