El otoño comenzaba a marcar su paso con mayor firmeza. Las hojas crujían bajo los pies como susurros antiguos, los atardeceres se teñían de tonos cobrizos que parecían incendiar el cielo, y el viento traía consigo un murmullo suave, como una canción de cuna natural que mecía las ramas desnudas de los árboles. En el interior de la casa, sin embargo, el tiempo parecía moverse a un ritmo diferente. Más lento. Más íntimo. Como si todo el universo se hubiese reducido al espacio entre los brazos de N