Tres Corazones"

La mañana siguiente amaneció tranquila, pero dentro de la casa la energía era completamente distinta.

Lira estaba en la cocina preparando el desayuno cuando sintió una náusea repentina. Se apoyó en la encimera, respirando profundo. Kael, que estaba sirviendo jugo para los niños, notó inmediatamente el cambio en su rostro.

Dejó todo y se acercó a ella por detrás, colocando una mano en su cintura.

—¿Otra vez? —preguntó en voz baja.

Lira asintió, cerrando los ojos.

—Esta vez es más fuerte. No son solo náuseas… siento como si algo dentro de mí estuviera despertando.

Selene y Ares, sentados a la mesa, los observaban con atención. Selene, con esa intuición suya que a veces daba miedo, habló primero:

—Va a ser una niña. Y viene con mucha luz.

Kael y Lira se miraron. No era la primera vez que Selene decía cosas que no debería saber.

Después de llevar a los niños al pequeño colegio comunitario que habían ayudado a crear, Kael y Lira regresaron a casa en silencio. Apenas cerraron la puerta, Kael la acorraló contra la pared del pasillo.

—Dime la verdad —dijo, mirándola fijamente—. ¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde hace dos semanas —confesó Lira—. Pero tenía miedo de decírtelo. Después de lo que Selene dijo… tengo miedo de lo que esta niña pueda significar.

Kael apoyó su frente contra la de ella.

—No más secretos entre nosotros. Nunca más.

Lira lo besó con fuerza, casi con desesperación. En segundos la ropa empezó a caer. Kael la levantó y la llevó hasta la mesa del comedor, sentándola sobre ella. Se arrodilló frente a ella y la devoró con la boca, lento y profundo, hasta que Lira temblaba y gemía su nombre.

Cuando ya no pudo esperar más, se levantó, liberó su erección y entró en ella con una estocada firme. Lira clavó las uñas en su espalda mientras él la penetraba con movimientos largos y poderosos.

—Más fuerte… —suplicó ella—. Necesito sentirte.

Kael la tomó por las caderas y aumentó el ritmo, follándola con fuerza sobre la mesa. Los gemidos de Lira llenaban toda la casa. Cuando llegó al orgasmo, lo hizo gritando su nombre, apretándolo tan fuerte que Kael se derrumbó segundos después, corriéndose profundamente dentro de ella.

Se quedaron abrazados sobre la mesa, recuperando el aliento.

—Vamos a tener una hija —susurró Kael contra su cuello, aún dentro de ella.

Lira sonrió, acariciando su cabello.

—Una hija que podría cambiarlo todo.

Los siguientes meses fueron una extraña mezcla de paz doméstica y creciente tensión.

Lira comenzó a brillar literalmente. Una luz dorada tenue emanaba de su vientre, especialmente por las noches. Selene pasaba horas hablando con la barriga de su madre, contándole historias y secretos que nadie más podía escuchar.

Una noche, mientras Kael y Lira estaban acostados en la cama, ella tomó su mano y la colocó sobre su vientre hinchado.

—Se está moviendo —susurró.

Kael sintió las patadas fuertes y claras. Pero también sintió algo más: una energía antigua, poderosa, que reconocía.

—Es como tú —dijo él—. Pero más… pura.

Lira lo miró con ojos brillantes.

—Kael… ¿y si esta niña es lo que los Antiguos realmente temen? ¿Y si ella no tiene que elegir entre cerrar o abrir la grieta… porque ella misma es la grieta?

Antes de que Kael pudiera responder, una fuerte ola de energía recorrió toda la casa. Todas las luces se apagaron. Cuando volvieron a encenderse, había una figura de pie al pie de la cama.

No era una entidad antigua.

Era Elara.

Pero ya no era la Elara que conocían. Su cuerpo brillaba con una luz inestable, como si estuviera hecha de código corrupto y fragmentos de los Otros.

—Felicidades por el nuevo miembro de la familia —dijo con voz distorsionada—. Pero lamento informaros que esa niña no va a nacer. No en este mundo.

Kael se levantó de la cama como un rayo, colocándose frente a Lira de manera protectora.

—Estás muerta —gruñó—. Te vimos desintegrarte.

Elara sonrió de forma siniestra.

—Morí. Pero algo me trajo de vuelta. Y ahora vengo a corregir el error que representáis.

Lira se levantó también, colocando una mano sobre su vientre. Su luz dorada se intensificó hasta bañar toda la habitación.

—Inténtalo —dijo con voz mortalmente calmada—. Toca a mi hija y te haré desear haber permanecido muerta.

La pelea que siguió fue brutal.

Elara atacó con una combinación de tecnología antigua y poder primordial. Kael y Lira lucharon juntos, defendiendo su hogar y su hija por nacer. Selene y Ares despertaron por el ruido y, en lugar de esconderse, se unieron a la pelea. Los cuatro juntos eran mucho más fuertes de lo que Elara había anticipado.

En un momento crítico, cuando Elara estaba a punto de golpear a Lira, Selene se colocó delante de su madre y extendió sus pequeñas manos. Una barrera de luz dorada y plateada surgió, protegiendo a toda la familia.

Elara retrocedió, herida y sorprendida.

—Esto… no es posible —balbuceó.

—Lo es —dijo Kael, acercándose a ella con ojos completamente dorados—. Porque esta familia no se rompe.

Con un último ataque combinado de los cuatro, Elara fue finalmente destruida. Esta vez no quedó nada de ella.

Cuando todo terminó, Lira se dobló de dolor. El parto se había adelantado.

Kael la llevó rápidamente a la habitación. Selene y Ares observaban desde la puerta con los ojos muy abiertos mientras su madre daba a luz.

Después de varias horas de dolor y esfuerzo, Lira trajo al mundo a una niña pequeña, perfecta, que brillaba con una luz suave y constante.

La llamaron Nova.

Cuando Kael sostuvo a su hija menor por primera vez, las vetas doradas en sus ojos se iluminaron con fuerza.

—Bienvenida al caos, pequeña —susurró.

Lira, exhausta pero radiante, los miró a los tres con lágrimas en los ojos.

—Ahora sí —dijo con voz débil pero feliz—. Ahora estamos completos.

Fuera de la casa, por primera vez en años, el cielo nocturno se veía completamente despejado. Como si los Antiguos hubieran decidido, finalmente, dejar de observar.

Kael se acostó junto a Lira, con Nova entre ambos. Selene y Ares se subieron también a la cama, acurrucándose contra sus padres.

Por primera vez en mucho tiempo, la familia durmió en paz.

Pero en lo más profundo de su ser, tanto Kael como Lira sabían la verdad:

La verdadera historia de su familia apenas estaba comenzando.

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