Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche era tranquila en la colina. Demasiado tranquila.
Kael estaba sentado en el borde del porche de madera, con una taza de café negro entre las manos. La ciudad de La Grieta brillaba a lo lejos como un corazón latiendo. Selene y Ares dormían profundamente dentro de la casa. Lira salió descalza, con solo una de sus camisas negras cubriendo su cuerpo. Se acercó en silencio y se sentó a horcajadas sobre su regazo, rodeando su cuello con los brazos. —Otra vez no puedes dormir —murmuró ella, besando su mandíbula. Kael dejó la taza a un lado y colocó las manos en sus caderas. Kael la cargó en brazos sin esfuerzo y la llevó hasta el interior de la casa, directamente al sofá grande del salón. La dejó caer suavemente sobre los cojines y se colocó encima de ella, devorando su boca con urgencia. —Los niños están profundamente dormidos —gruñó contra sus labios—. Y aunque se despierten… ya tienen edad suficiente para saber que su padre no puede mantener las manos lejos de su madre. Lira soltó una risa ronca que se transformó en un gemido cuando Kael bajó por su cuello, mordiendo justo donde sabía que la volvía loca. Sus manos recorrieron el cuerpo de ella con posesión, apretando sus pechos, bajando por su cintura hasta llegar entre sus piernas. —Estás empapada… —susurró con voz oscura—. ¿Cuánto tiempo llevas deseándome esta noche? —Desde que te vi reparando ese generador sudado y sin camisa —confesó ella, arqueando la espalda. Kael no necesitó más. Se quitó la camisa de un tirón y liberó su erección. Entró en ella de una sola embestida profunda y poderosa. Lira ahogó un grito mordiendo su hombro, clavando las uñas en su espalda mientras él comenzaba a moverse con fuerza. No fue dulce. Fue crudo, intenso, casi animal. Cada embestida hacía que el sofá crujiera. Lira envolvía las piernas alrededor de su cintura, exigiéndole más profundo, más rápido. Kael la sujetaba por las caderas, penetrándola con una necesidad que parecía no saciarse nunca. —Dime que eres mía —exigió él con voz ronca, aumentando el ritmo. —Soy tuya… —gimió Lira, casi sin aliento—. Siempre he sido tuya… aunque nunca pudiste tomarme. Kael soltó una risa baja y peligrosa. La giró de repente, colocándola de rodillas sobre el sofá con el torso apoyado en el respaldo. Entró en ella desde atrás con una estocada brutal que hizo que Lira gritara de placer. —Así… justo así —jadeó ella, empujando hacia atrás para encontrarse con cada embestida. Kael la tomó del cabello, tirando de su cabeza hacia atrás mientras la follaba con fuerza. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación junto con sus gemidos y gruñidos. Lira llegó primero. Su cuerpo se tensó violentamente mientras un orgasmo intenso la atravesaba, apretando a Kael dentro de ella. Él la siguió segundos después, enterrándose hasta el fondo y derramándose en su interior con un gruñido gutural. Se derrumbaron juntos sobre el sofá, sudorosos y respirando agitadamente. Lira estaba sobre su pecho, trazando patrones invisibles sobre su piel. —Cada vez es mejor —susurró ella—. Después de tantos años… todavía me vuelves loca. Kael besó su frente y la abrazó con fuerza. —Porque nunca te domé. Y nunca lo haré. Me gusta exactamente así… indomable. Se quedaron un rato en silencio, disfrutando del calor del otro. Pero entonces Lira levantó la cabeza, con expresión seria. —Kael… hay algo que no te he contado. Él se tensó ligeramente. —¿Qué pasa? Lira se incorporó un poco para mirarlo a los ojos. —Hace tres noches… Selene me dijo algo mientras dormías. Dijo que “los de antes” le hablaron. Que le dijeron que nuestro tercer hijo nacerá con el poder suficiente para cerrar la grieta para siempre… o para abrirla completamente. Kael se quedó en silencio varios segundos. —¿Estás…? —Todavía no lo sé —respondió Lira, tomando su mano y colocándola sobre su vientre—. Pero lo siento. Hay algo diferente esta vez. Kael la miró con una mezcla de amor, miedo y determinación. —Entonces lo enfrentaremos juntos. Como siempre. Lira sonrió con esa sonrisa peligrosa que él tanto amaba. —Sabes… cuando irrumpí en tu torre hace seis años, solo quería romper tu mundo. —¿Y ahora? —preguntó él, acariciando su mejilla. —Ahora quiero construir uno nuevo contigo. Se besaron nuevamente, esta vez con más ternura. Pero justo cuando el beso empezaba a calentarse otra vez, escucharon una vocecita desde el pasillo. —¿Mamá…? ¿Papá…? ¿Por qué el sofá hace tanto ruido? Selene estaba parada en la puerta del salón, frotándose los ojos con una mano mientras sostenía su oso de peluche con la otra. Kael y Lira se miraron por un segundo… y estallaron en risas. Lira agarró rápidamente la camisa de Kael y se la puso mientras él se vestía a toda prisa. —Vuelve a la cama, cariño —dijo Lira, intentando no reírse—. Papá y mamá solo estaban… haciendo ejercicio. Selene entrecerró los ojos, claramente sospechando. —Eran sonidos muy raros para hacer ejercicio… Kael se levantó, cargó a su hija en brazos y la llevó de vuelta a su habitación. —Cuando seas más grande lo entenderás —dijo, besando su frente—. Ahora a dormir. Después de acostar a Selene, Kael regresó al salón. Lira lo esperaba apoyada contra la pared, completamente desnuda otra vez, con una sonrisa traviesa. —¿Dónde nos quedamos, CEO? Kael se acercó a ella con mirada depredadora. —Creo que en la parte donde te demuestro que, aunque nunca pude domarte… todavía puedo hacer que grites mi nombre hasta que salga el sol. La levantó en brazos y la llevó hacia el dormitorio, cerrando la puerta tras ellos con el pie. Aquella noche, efectivamente, ninguno de los dos durmió. Y mientras hacían el amor por tercera vez antes del amanecer, ambos sintieron lo mismo en el pecho: Esta era la vida que habían elegido. Caótica. Imperfecta. Peligrosa. Pero suya. Y ningún Antiguo, ninguna corporación, ni siquiera el destino mismo, podría quitársela. —Siento que falta algo. Como si hubiéramos ganado la guerra… pero no la batalla final. Lira se movió lentamente contra él, rozándose con intención. —Entonces déjame distraerte. Lo besó. Fue un beso profundo, lento, cargado de años de deseo acumulado. Kael respondió con la misma hambre, deslizando las manos bajo la camisa para acariciar su piel desnuda. En cuestión de segundos la prenda desapareció. Lira se arqueó contra él cuando su boca bajó hasta sus pechos, succionando y mordiendo con esa mezcla perfecta de amor y posesión que solo él sabía darle.






