La noche era tranquila en la colina. Demasiado tranquila.
Kael estaba sentado en el borde del porche de madera, con una taza de café negro entre las manos. La ciudad de La Grieta brillaba a lo lejos como un corazón latiendo. Selene y Ares dormían profundamente dentro de la casa. Lira salió descalza, con solo una de sus camisas negras cubriendo su cuerpo. Se acercó en silencio y se sentó a horcajadas sobre su regazo, rodeando su cuello con los brazos.
—Otra vez no puedes dormir —murmuró ella, be