Nova tenía solo tres meses y ya había cambiado todo.
La pequeña brillaba. Literalmente. Por las noches, su cunita emitía una suave luz dorada que bañaba la habitación. No lloraba como los bebés normales. Cuando quería algo, simplemente proyectaba imágenes y emociones directamente en la mente de sus padres.
Aquella mañana, Kael estaba en el porche trasero observando cómo Selene y Ares jugaban con Nova en una manta extendida sobre el pasto. La bebé estaba boca arriba, moviendo sus pequeñas manos