Nova

Nova tenía solo tres meses y ya había cambiado todo.

La pequeña brillaba. Literalmente. Por las noches, su cunita emitía una suave luz dorada que bañaba la habitación. No lloraba como los bebés normales. Cuando quería algo, simplemente proyectaba imágenes y emociones directamente en la mente de sus padres.

Aquella mañana, Kael estaba en el porche trasero observando cómo Selene y Ares jugaban con Nova en una manta extendida sobre el pasto. La bebé estaba boca arriba, moviendo sus pequeñas manos mientras sus hermanos le hablaban como si ella pudiera entenderlo todo.

Lira se acercó por detrás y abrazó a Kael por la cintura, apoyando la mejilla en su espalda.

—Está creciendo demasiado rápido —murmuró ella.

—Lo sé —respondió Kael con voz baja—. Anoche… me habló. No con palabras. Fue más como… una sensación. Me mostró la grieta. Y me mostró a mí mismo… antes de ti.

Lira se tensó ligeramente.

—¿Qué te mostró exactamente?

—Que si no hubieras entrado esa noche en mi torre, yo me habría vuelto como Elara. Frío. Vacío. Una máquina perfecta.

Lira lo giró para mirarlo de frente. Sus ojos seguían teniendo esa chispa salvaje, pero ahora había una profundidad maternal que lo volvía aún más hermosa.

—Esa noche cambié tu vida… y tú cambiaste la mía.

Kael la atrajo hacia sí y la besó. El beso empezó tierno, pero rápidamente se volvió intenso. Sus manos bajaron por la espalda de Lira hasta apretar su trasero. Ella soltó un suave gemido contra su boca.

—Los niños están afuera… —susurró ella, aunque no hizo ningún intento de apartarse.

—Los niños están distraídos con su hermana —respondió Kael, mordiendo su labio inferior—. Y yo llevo toda la mañana queriendo follarte.

La levantó en brazos y la llevó directamente al dormitorio. Apenas cerró la puerta, le quitó la ropa con urgencia. Lira hizo lo mismo, arrancándole la camisa. Cayeron sobre la cama enredados, besándose con hambre acumulada.

Kael bajó por su cuerpo, besando cada centímetro de piel hasta llegar entre sus piernas. Lira arqueó la espalda cuando sintió su lengua, gimiendo su nombre mientras se aferraba a las sábanas. Él no tuvo piedad, devorándola hasta que ella temblaba y suplicaba.

Cuando ya no pudo esperar más, subió y entró en ella de una sola embestida profunda. Lira clavó las uñas en su espalda, rodeándolo con las piernas mientras él la penetraba con fuerza.

—Te siento tan profundo… —jadeó ella.

Kael la tomó de las caderas y aumentó el ritmo, follándola con embestidas fuertes y precisas. El cabecero de la cama golpeaba contra la pared. Lira llegó primero, contrayéndose alrededor de él mientras gritaba su nombre. Kael la siguió segundos después, corriéndose dentro de ella con un gruñido ronco.

Se quedaron abrazados, sudorosos y satisfechos.

Pero la calma duró poco.

Un estallido de luz dorada llenó toda la casa. Kael y Lira se levantaron de inmediato y corrieron afuera. Selene y Ares estaban de pie, protegiendo a Nova con sus cuerpos. Frente a ellos flotaba una figura enorme, hecha de pura energía oscura.

Esta vez no era Elara.

Era uno de los verdaderos Antiguos.

“La tercera hija es la anomalía final”, resonó la voz dentro de sus cabezas. “Debe ser devuelta al vacío.”

Nova, que apenas tenía tres meses, comenzó a brillar con una intensidad cegadora. La bebé extendió sus pequeñas manos hacia la entidad y, sin emitir ningún sonido, liberó una onda de luz pura.

La entidad antigua gritó. Un sonido que hizo temblar la tierra.

Selene y Ares se unieron a su hermana. Los tres niños juntos crearon un triángulo de luz dorada y plateada. Kael y Lira, tomados de la mano, añadieron su propio poder al de sus hijos.

La entidad fue empujada hacia atrás, herida y debilitada.

“Esto no termina aquí…”

Con un último destello, desapareció.

Nova dejó de brillar y soltó un pequeño bostezo, como si nada hubiera pasado. Selene la tomó en brazos con cuidado y miró a sus padres.

—Ella nos protege a nosotros —dijo la niña con total naturalidad—. No al revés.

Lira se acercó y tomó a Nova. La bebé la miró con ojos completamente dorados por un momento, luego volvió a su color normal y sonrió.

Kael abrazó a su familia, rodeándolos a los cuatro.

—Entonces ya no estamos luchando contra ellos —dijo con voz firme—. Estamos reescribiendo las reglas.

Esa noche, después de acostar a los niños, Kael y Lira se quedaron en el porche mirando las estrellas.

Lira se sentó en su regazo y apoyó la cabeza en su hombro.

—¿Crees que algún día podremos tener una vida normal? —preguntó.

Kael acarició su cabello y respondió con honestidad:

—No. Pero podemos tener una vida nuestra. Caótica, peligrosa, llena de luz… y llena de ti.

Lira levantó la cabeza y lo besó suavemente.

—Entonces eso es todo lo que necesito.

En la habitación de los niños, Nova brillaba débilmente en su cuna, vigilando el sueño de sus hermanos mayores.

La familia que había empezado con una intrusa desnuda comiendo manzanas en la torre más alta del mundo, ahora tenía tres hijos que podían hacer temblar a los dioses antiguos.

Y por primera vez, Kael Voss, el antiguo CEO indomable, sintió que todo había valido la pena.

Kael se quedó mirando a sus tres hijos a través de la ventana de la habitación. Nova dormía plácidamente en su cunita, emitiendo esa suave luz dorada que ya se había vuelto familiar. Selene y Ares dormían cada uno en su cama, pero incluso en sueños, sus manos se rozaban, como si necesitaran estar conectados.

Lira se acercó por detrás y lo abrazó, apoyando su barbilla en su hombro.

—Son hermosos —susurró ella—. Y peligrosos.

Kael colocó sus manos sobre las de ella, entrelazando sus dedos.

—Cuando te vi por primera vez, pensé que eras un error en mi sistema —confesó—. Ahora miro a nuestros hijos y entiendo que el error era yo. Todo mi mundo estaba mal construido hasta que llegaste tú.

Lira lo giró lentamente hasta tenerlo frente a ella. Sus ojos brillaban con esa mezcla perfecta de amor y fuego que nunca había perdido.

—Entonces déjame seguir rompiéndote —murmuró, acercando sus labios a los de él—. Todas las noches. Hasta que no quede nada del viejo Kael Voss.

El beso empezó lento, pero rápidamente se volvió hambriento. Kael la levantó y la apoyó contra la pared del pasillo, justo frente a la habitación de sus hijos. Lira rodeó su cintura con las piernas mientras él le quitaba la camisa con urgencia.

—Aquí no… —susurró ella, aunque su cuerpo decía todo lo contrario.

—Aquí sí —respondió Kael, bajando la boca hasta su cuello—. Quiero tomarte sabiendo que nuestros hijos están durmiendo al lado. Quiero recordarme a mí mismo cada día que esta es la vida que elegí.

Entró en ella con una embestida profunda y lenta. Lira ahogó un gemido contra su hombro, clavando las uñas en su espalda mientras él la penetraba con movimientos controlados pero intensos. Cada vez que entraba completamente en ella, Lira temblaba y susurraba su nombre como una plegaria.

—Te amo… —jadeó ella, apretándolo más fuerte con sus piernas—. Aunque seas un maldito insaciable.

Kael sonrió contra su piel y aumentó ligeramente el ritmo, follándola contra la pared con esa mezcla perfecta de amor y posesión que los definía.

Cuando llegaron al clímax, lo hicieron juntos, en silencio, temblando y abrazados. Kael se derramó profundamente dentro de ella mientras Lira mordía su hombro para no gritar.

Permanecieron unidos varios minutos, respirando agitados, hasta que Kael finalmente la bajó con cuidado.

Lira lo miró con una sonrisa satisfecha y peligrosa.

—Sigues sin poder controlarme, CEO.

Kael besó sus labios hinchados y respondió con voz ronca:

—Y nunca quiero hacerlo.

Tomados de la mano, regresaron al porche. La noche era clara y las estrellas parecían más brillantes que nunca.

Por primera vez en mucho tiempo, no sentían ninguna presencia observándolos. Solo el silencio.

Kael abrazó a Lira desde atrás, colocando ambas manos sobre su vientre.

—Cuatro corazones latiendo —susurró.

Lira sonrió y apoyó la cabeza contra su pecho.

—Nuestra propia pequeña rebelión.

Y bajo ese cielo estrellado, la familia que había comenzado como un error en un sistema perfecto, finalmente encontró su paz.

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