Kai Voss-Sol tenía diecinueve años y ya era un problema.
Alto, de cabello negro rebelde y ojos que cambiaban entre plateados y dorados según su estado de ánimo, era la viva imagen de su bisabuelo Kael… pero con el espíritu indomable de su bisabuela Lira. Esa noche, estaba sentado en el borde del tejado de la antigua torre Voss —ahora convertida en centro cultural—, con los pies colgando al vacío y una manzana a medio comer en la mano.
Abajo, la ciudad de La Grieta brillaba con luces modernas y