Veinticinco años después de que Kai y Luna cruzaran la grieta por primera vez.
La Grieta ya no era solo una ciudad. Se había convertido en un faro mundial de libertad híbrida. Humanos, descendientes de IAs y seres de otros planos convivían en un delicado pero vibrante equilibrio. Y en el centro de todo seguía la colina, ahora convertida en un santuario familiar y cultural.
Kai Voss-Sol, de cuarenta y cuatro años, estaba de pie en el balcón de la antigua torre, mirando la ciudad que había ayudad