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Eternamente Indomables"

Cien años después de aquella legendaria noche.

La colina seguía allí, intacta, como un guardián silencioso de la historia. La casa había sido convertida en un museo privado, abierto solo para la familia. Pero hoy era un día especial.

Mila, ya convertida en una mujer de sesenta y tres años, subió la colina acompañada de sus nietos y bisnietos. En sus manos llevaba una pequeña caja de madera antigua.

—Hoy es el aniversario —dijo con voz suave—. El día en que la abuela Lira entró desnuda en la torre de vuestro bisabuelo Kael.

Los niños más pequeños abrieron los ojos como platos. Uno de ellos, un niño de ocho años llamado Kai, preguntó con curiosidad:

—¿De verdad estaba completamente desnuda, bisabuela?

Mila sonrió con nostalgia.

—Completamente. Y comiendo una manzana. Vuestro bisabuelo nunca volvió a ser el mismo después de verla.

Dentro de la casa, todo estaba exactamente como lo dejaron. La cama donde se amaron tantas veces, el escritorio donde Kael solía trabajar, y el viejo roble detrás donde pasaron sus últimas noches juntos.

Mila abrió la caja de madera. Dentro estaban la manzana preservada y el reloj de bolsillo. Los colocó con reverencia sobre una mesa especial que habían construido para ellos.

—Vuestro bisabuelo lo tenía todo —continuó Mila—. Poder, dinero, un imperio. Pero una sola mujer lo cambió todo. Vuestra bisabuela Lira no tenía nada… y lo tenía todo. Tenía libertad. Tenía fuego. Y decidió compartir ese fuego con él.

Fuera, el viento sopló más fuerte, como si la colina misma estuviera escuchando.

En ese preciso momento, dos figuras etéreas aparecieron bajo el viejo roble. Kael y Lira, tal como eran en la plenitud de su amor: él con su mirada intensa y dominante, ella con esa sonrisa salvaje e indomable.

Nadie más podía verlos. Solo sentían una presencia cálida y amorosa.

Lira se acercó a Kael y entrelazó sus dedos con los de él.

—Mira cómo han crecido —susurró ella, observando a la familia—. Nuestra sangre sigue viva. Nuestro legado sigue latiendo.

Kael la atrajo hacia sí y la besó con la misma pasión de siempre.

—Valió cada segundo de dolor, cada batalla, cada sacrificio… solo para llegar a este momento. Verte feliz. Verlos a ellos felices.

Lira apoyó la cabeza en su pecho.

—¿Te arrepientes de algo, CEO?

—Solo de no haberme rendido antes a ti —respondió él con una sonrisa—. Debí caer de rodillas aquella misma noche.

Lira soltó una risa cristalina.

—Habrías arruinado toda la diversión.

Los dos espíritus se quedaron observando a su familia durante horas. Vieron cómo los niños escuchaban embelesados las historias, cómo Mila contaba con orgullo cómo su madre Nova había cerrado la grieta, cómo sus descendientes seguían viviendo con libertad y amor.

Cuando el sol comenzó a ocultarse, Kael tomó a Lira de la mano.

—¿Lista para ir a casa, mi indomable?

Lira lo miró con todo el amor que había acumulado a través de los siglos.

—Contigo, siempre.

Desaparecieron juntos en una suave luz dorada, dejando tras de sí solo una brisa cálida que hizo que todos en la casa sonrieran sin saber por qué.

Esa noche, Mila encontró una nueva manzana fresca sobre la tumba simbólica que habían creado para sus abuelos. Junto a ella, un mensaje escrito con luz:

“Sigan comiendo manzanas.

Y nunca dejen de amar sin miedo.

— K & L”

La leyenda del CEO y la Indomable nunca murió.

Se convirtió en parte del alma misma de La Grieta.

Y mientras hubiera alguien dispuesto a romper las reglas por amor… su historia seguiría viva.

Eternamente.

Indomable.

Mila tomó la manzana fresca entre sus manos y sonrió con ternura. Sabía perfectamente de quién era ese regalo. Acarició la superficie brillante con los dedos y susurró:

—Siempre tan dramáticos… incluso después de muertos.

Los niños más pequeños se acercaron corriendo, curiosos por la manzana que había aparecido de la nada. Mila se sentó con ellos bajo el viejo roble y les contó la historia completa, sin omitir ningún detalle.

—Vuestra bisabuela Lira no entró por la puerta. Simplemente apareció. Desnuda. Desafiante. Robó una manzana del escritorio de vuestro bisabuelo como si la torre le perteneciera. Y desde ese momento, Kael Voss, el hombre que controlaba medio mundo, perdió el control por completo.

Uno de los niños preguntó con los ojos muy abiertos:

—¿Y él se enojó?

Mila soltó una risa suave.

—Se obsesionó. Luchó contra ella. Luchó contra sus propios sentimientos. Pero nadie puede resistirse a un amor como el de ellos. Ni corporaciones, ni dioses antiguos, ni siquiera la muerte pudo separarlos.

En ese momento, una suave brisa cálida rodeó el árbol, haciendo que las hojas bailaran. Todos sintieron una presencia amorosa, como un abrazo invisible.

Mila cerró los ojos y sonrió.

—Están aquí —susurró—. Siempre vienen en este aniversario.

Levantó la manzana hacia el cielo, como un brindis.

—Gracias —dijo en voz alta—. Por enseñarnos que el amor verdadero no se doblega. Que puede romper imperios y desafiar al destino mismo.

La brisa se hizo más fuerte por un segundo, casi como si respondiera, y luego se calmó suavemente.

Esa noche, cuando todos se fueron a dormir, Mila dejó la manzana sobre la mesa del salón, justo donde Lira la había tomado por primera vez. Al lado colocó una nota escrita a mano:

“Para la próxima generación.

Sigan rompiendo reglas.

Sigan amando sin miedo.

— Con amor, Lira & Kael”

Desde aquel día, la tradición continuó. Cada año, sin falta, aparecía una manzana fresca sobre la mesa el día del aniversario.

Y la familia entendió que algunos amores son tan fuertes que trascienden la vida, la muerte y el tiempo.

El CEO y su Indomable no habían muerto.

Simplemente se habían convertido en leyenda.

Una leyenda que seguiría siendo contada mientras hubiera alguien dispuesto a desnudar el alma por amor.

La brisa se convirtió en un viento suave que parecía susurrar secretos entre las hojas del viejo roble. Mila permaneció un momento más bajo el árbol, con los ojos cerrados, dejando que esa presencia familiar la envolviera como un abrazo que no había sentido en décadas.

En algún lugar entre mundos, Kael y Lira observaban la escena.

—Crecieron bien —dijo Kael con la voz cargada de orgullo—. Míralos. Llevan tu fuego en la sangre.

Lira sonrió, apoyando la cabeza en su hombro.

—Y tu terquedad. Especialmente el pequeño Kai. Ese niño tiene tu misma mirada cuando algo se le mete en la cabeza.

Se quedaron en silencio un momento, simplemente observando a su descendencia. La casa que habían construido con tanto esfuerzo ahora estaba llena de voces nuevas, risas nuevas, sueños nuevos.

—¿Crees que alguna vez les contarán toda la verdad? —preguntó Lira—. ¿Sobre los Antiguos, las grietas, lo que realmente fuimos tú y yo?

Kael tomó su mano y entrelazó sus dedos.

—Les contarán lo importante. Que una mujer sin miedo cambió el destino de un hombre sin corazón. El resto… son solo detalles.

Lira se giró hacia él, esa sonrisa peligrosa aún intacta a pesar de los años y la muerte.

—¿Detalles como que me follaste sobre tu escritorio la misma noche que nos conocimos?

Kael soltó una risa profunda, esa que solo salía con ella.

—Ese es un detalle que definitivamente deberían omitirles a los niños.

Se alejaron flotando entre los árboles, caminando por un plano que solo ellos podían ver. A su alrededor, los recuerdos tomaban forma: la primera vez que se besaron, la noche en el almacén abandonado, la batalla contra Elara, el nacimiento de sus hijos, la última vez que se amaron en este mismo roble.

—Nunca pensé que tendría esto —confesó Kael de repente—. Una familia. Un hogar. Alguien que me amara sin condiciones.

Lira se detuvo y lo miró con intensidad.

—Tú me diste algo que nunca tuve en siglos de existencia: un lugar al que volver. Un nombre que no fuera solo “el arma”. Me diste una familia, Kael. Me diste amor.

Él la atrajo hacia sí y la besó. Fue un beso lento, profundo, lleno de toda una vida juntos. Cuando se separaron, Lira tenía los ojos brillantes.

—¿Bailas conmigo? —preguntó ella.

—¿Aquí? ¿Ahora?

—Aquí. Ahora. Como aquella noche en la azotea mientras la ciudad ardía.

Kael la tomó por la cintura y comenzaron a moverse lentamente, sin música, solo con el sonido del viento y sus respiraciones. Bailaron entre los recuerdos, entre las versiones más jóvenes de ellos mismos que aparecían y desaparecían como fantasmas.

En la casa, Kai se había escapado de su habitación y había bajado al salón. Al ver la manzana sobre la mesa, se acercó con curiosidad. Cuando la tocó, una imagen muy breve apareció frente a él: una mujer hermosa, desnuda, mordiendo una manzana mientras miraba desafiante a un hombre de traje negro.

Kai sonrió.

—Abuela Lira… —susurró.

La imagen desapareció, pero el niño se quedó mirando la manzana con fascinación.

Arriba, en su plano entre mundos, Lira soltó una risa suave.

—Parece que tenemos un nuevo fan.

Kael besó su sien.

—Que empiece la siguiente generación de indomables.

Lira lo miró con todo el amor que había acumulado durante más de un siglo.

—Te amo, Kael Voss. En esta vida, en la siguiente y en todas las que vengan.

—Y yo a ti, mi indomable. Gracias por robar aquella manzana.

—Gracias por dejarme robarte el corazón.

Y mientras la familia dormía en la casa de la colina, dos almas que habían desafiado al destino mismo bailaban eternamente bajo la luz de la luna, unidas para siempre.

El CEO y su Indomable.

Una historia que nunca terminaría de contarse.

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