Cien años después de aquella legendaria noche.
La colina seguía allí, intacta, como un guardián silencioso de la historia. La casa había sido convertida en un museo privado, abierto solo para la familia. Pero hoy era un día especial.
Mila, ya convertida en una mujer de sesenta y tres años, subió la colina acompañada de sus nietos y bisnietos. En sus manos llevaba una pequeña caja de madera antigua.
—Hoy es el aniversario —dijo con voz suave—. El día en que la abuela Lira entró desnuda en la tor